
La pregunta por el uno mismo es de esas que te pueden arruinar la vida un rato largo. ¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿Pienso? ¿Siento? ¿Soy? ¿Todos pensamos más o menos igual? ¿La gente siente lo mismo que yo? El primero en resolver el problema, cortando por lo sano, a la altura del cuello, fue René Descartes. Separó de una vez y para siempre el cuerpo y la mente. La mente la ató con fuerza a la razón y así debía quedar por varios años. Estaba el cuerpo y por el otro lado la mente, que era casi igual a la razón, a la lógica. Todo el resto, era la locura.
Por supuesto el plan de René, no funcionó para siempre. Sobre todo porque llegaron los románticos y se sabe, los románticos suelen sentir a la altura del pecho, una congoja que no logran identificar en ningún lugar. Los románticos, están enamorados de lo antiguo, de lo inefable, de lo indefinible. A los románticos les gusta la noche y no tuvieron ningún problema en alumbrar el costado nocturno del alma humana. El terreno ya estaba listo. Del otro lado del racionalismo se abrió la brecha para la llegada del inconsciente. Después vino Schopenhauer y dijo que estábamos fritos. La negación del uno mismo. Pero nos salvó Freud, para el barba el inconsciente ya no es un "subconsciente", situado sobre o más allá de la conciencia; se convierte realmente en una instancia a la cual la conciencia no tiene acceso, pero que se le revela en el sueño, los lapsus, los chistes, los juegos de palabras, los actos fallidos, y más. Freud tenía el plano del mundo inconsciente. El nuevo bastón, que ahora tanteaba en busca de sueños dentro de la oscura catedral del uno mismo.
¿De qué cosas con comerte uno estas bien? ¿Te gusta el lugar de arquero? ¿Te gusta el tango Uno? ¿Por qué no hay canal 1 en la tele? ¿El uno tuneado se la banca? ¿Cuándo uno está enamorado? ¿Cuándo uno siente miedo? ¿Cuándo uno hace las cosas bien? ¿Eso de qué vivimos en una sociedad individualista, te parece verdadero?
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